arte-y-cultura

Hablando acerca de música y videojuegos (Primera Parte)

Arte y Cultura

Hablando acerca de música y videojuegos (Primera Parte) Por: uli22 // @uli2211 Hablando acerca de música y videojuegos …Continue Reading

Hablando acerca de música y videojuegos (Primera Parte)

Por: uli22 // @uli2211

No sé nada sobre música.

En mi trabajo no es necesario. 

Elvis Presley

Incluso quienes dudan en considerar a los videojuegos como obras de arte suelen apreciar la música compuesta para éstos, reconociendo que la música es un arte en sí. Sin embargo, la realidad señala que la música y la ambientación sonora son apenas un par de elementos dentro de una obra que conjuga muchos otros —tales como las artes gráficas, la literatura (sí, en ocasiones), la programación a computadora y demás. La suma de todos y cada uno de estos componentes, junto con la interacción directa con el gamer, dan por resultado el videojuego como obra completa.

Ahora bien, en cuanto a lo que se refiere a la música de los videojuegos, se pueden debatir un par de cuestiones interesantes: una que tiene que ver con la apreciación y valoración artística dentro de la evolución musical de los videojuegos —es decir, ¿qué suena mejor, la orquestación clásica o el chiptune,[1] y por qué?; y una segunda que problematiza la relevancia artística de contar con composiciones musicales originales para ambientar videojuegos, como ocurre,por ejemplo, en casos como las franquicias de Grand Theft Auto, FIFA o Fallout (recordemos que varios juegos dentro de las mencionadas franquicias cuentan con canciones “prestadas” que no sólo forman parte de sus respectivos soundtracks, sino que conforman un fragmento importante dentro de la identidad del propio videojuego).

Por el momento nos entretendremos revisando tan sólo la primera reflexión, aquella que trata sobre la apreciación y valoración artística enfocada a la evolución de la música de los videojuegos —¿qué resulta ser más “artístico”, el sonido de una orquesta sinfónica o las rasposas armonías melódicas del Nintendo original? El tema da para mucho, aunque se debe tomar en cuenta que la apreciación subjetiva siempre dicta la pauta de la reflexión que cada uno de nosotros está dispuesto a hacer. 

Es indudable que una de las más recurridas estrategias empleadas por quienes –quizá de manera un tanto inecesaria– pretenden convencer a los excépticos acerca del valor artístico de los videojuegos, es el retarlos a jugar Shadow of the Colossus, Journey, Okami, u algún otro juego “reciente” y por demás destacable. Un destacable número de juegos de última y penúltima generación no sólo se ven bien, sino que suenan bien. De hecho, no solo suenan bien; videojuegos como los antes mencionados emplean tecnología de punta en sus soundtracks para asegurarse que cada nota musical pueda ser grabada y reproducida con la más alta fidelidad. Siendo honestos, la experiencia sonora de estos videojuegos tan sólo podría mejorar si nos encontráramos jugandolos en el estudio de grabación con la propia orquesta filarmónica a nuestras espaldas. Así de profesional se ha tornado la música para la industria de los videojuegos aunque, por supuesto, existen maticez aún dentro de este nicho.

Ahora bien, es importante tener en mente que el valor artístico de un soundtrack de videojuego yace en su capacidad para saber acompañar y, sobre todo, lograr exaltar la obra en general. Visto de otra forma, la música puede favorecer o restar valor al videojuego. Punto. La pregunta, sin embargo, es si acaso la banda sonora[2] de un juego diseñado para una consola de 8-bits cuenta con una desventaja con relación a un soundtrack de 16-bits o más. Peor aún, de esta pregunta se desprenden otras, por ejemplo: ¿poseen mayor valor artístico las bandas sonoras que logran reproducir fielmente los sonidos originales de instrumentos “clásicos” como el piano, el violín o incluso la voz, sobre aquellas que no pueden?; ¿reafirmarían su valor artístico los videojuegos de antaño si éstos pudieran reproducir su mismo soundtrack sin ninguna limitante técnica?; ¿acaso el desarrollo tecnológico sonoro puede determinar los méritos artísticos de una obra por encima de otra?

A manera de ejercicio, pensemos el cuestionamiento de la siguiente manera: ¿puede competir la original y ya clásica tonada de Super Mario Bros (1985) con la Orquesta Sinfónica de Varsovia cantando en latín? Así es, hablo de enfrentar al primer juego para el NES,[3] Super Mario Bros, con el aclamado juego de PS2,[4] Ace Combat 5: The Unsung War (2004)... ¿qué juego es mejor? Es difícil responder, cierto; qué tal esta pregunta, entonces: ¿cuál de los dos juegos contiene una mayor proyección artística? Por fortuna, la respuesta a este tipo de preguntas no cabe en un simple “sí” o “no”, por lo que es necesario elaborar una reflexión antes de emitir un juicio al respecto. 

En muchos sentidos, los juegos son lo que son debido a las propias limitaciones tecnológicas que imperaban en los tiempos en los que éstos vieron la luz por primera vez. Las condiciones de posibilidad que engendraron a estos dos juegos (Super Mario Bros y Ace Combat 5) son exponencialmente distintas, y por lo tanto el resultado –reflejado en las respectivas obras– también lo es. Por otro lado, el videojuego es la obra original terminada, completa e íntegra que no pretende ser otra cosa más allá de lo que ya es. De esta manera, no sólo sería injusto juzgar a un videojuego bajo una luz que no fuera la propia (es decir, aquella que es determinada por el momento y las condiciones que lo vieron nacer) sino que resultaría por ser redundante, inútil y por demás perverso. El mejor juego es y será aquel que logre ser fiel a las motivaciones, expectativas y capacidades técnicas que lo generaron y, en este caso, ambos logran justamente eso de manera notable. Tanto Super Mario Bros como Ace Combat 5 son obras completas, bien trabajadas, con identidades, historias y aspiraciones propias, por lo que en esta ocasión declararemos un emocionante y sano empate.

En cuanto a las bandas sonoras de dichos títulos, por fortuna o desgracia ocurre exactamente lo mismo que con los videojuegos. Ambos soundtracks son memorables a su manera, en tanto que cada uno logra ser fiel a las motivaciones y expectativas del videojuego al que pertenecen; en otras palabras, las dos bandas sonoras acompañan y exaltan a sus respectivos videojuegos. El soundtrack de Super Mario Bros es lo que es, sin necesidad de contar con la Orquesta Sinfónica de Varsovia cantando en latín; así como la banda sonora de la quinta entrega de la serie de Ace Combat perdería su identidad por completo de no poder contar con sonidos fuera del universo de los 8-bits. Por lo tanto, para efectos prácticos relacionados a la valoración artística de la música de un videojuego, el hecho de poder grabar y reproducir sonidos “reales” –como lo logran de forma impecable los juegos de penúltima y última generación– se vuelve relativamente irrelevante. La creatividad de los compositores es lo que en realidad importa y, por lo tanto, lo único que debería ser juzgado.

Asimismo, consideremos que hablar sobre las limitaciones tecnológicas que predisponen al soundtrack de algún videojuego, es entrar en el terreno de la identidad misma del juego; mientras que para el gamer tiene que ver con el no menos profundo plano de la experiencia. En otras palabras, la banda sonora en 8-bits le da una cierta identidad a esos juegos que disfrutamos de pequeños (claro, para quienes tuvimos la fortuna de disfrutarlos de pequeños); además de que esos mismos sonidos crudos y rasposos –entre algunos otros elementos que van más allá de la música– nos abren las puertas hacia una experiencia totalmente distinta a la de jugar videojuegos de última generación como hacemos hoy en día. Es decir, no es lo mismo una pintura que una escultura; en tanto que, si bien a ambas obras las podemos observar con los mismos ojos, las apreciamos y juzgamos a través de parámetros distintos y, por lo tanto, resulta complicado asegurar que una es mejor que otra.

Por otro lado, no deja de ser interesante señalar que hay más gente que recuerda –o conoce– las melodías de cierto juego por encima del otro. Levanten la mano quiénes recuerdan el tema principal de Super Mario Bros; ahora alcen la mano quienes se acuerdan de alguna canción del Ace Combat 5. Exactamente. Es probable que esta diferencia se deba en específico a las particularidades de los contextos en los que ambos videojuegos fueron creados. Sin lugar a dudas, alimento para la reflexión.

Por último, también es importante considerar las reinterpretaciones orquestales –o de cualquier otro tipo– de canciones originalmente pensadas para los 8, los 16 o, incluso, los 32-bits. Por supuesto, hablo de los conciertos que se llevan a cabo en honor de algún compositor de música de videojuegos o de alguna franquicia o saga importante dentro de dicha industria. Los puritanos de la experiencia (y conozco a algun@s cuant@s) podrán decir que nada se compara con escuchar los temas originales de nuestros videojuegos de antaño favoritos a través de las bocinas del televisor una vez ajustadas a glorioso “stereo”. Después de todo, la música habla por sí sola, sin necesidad de orquestas sinfónicas o bandas de jazz que reinterpretan lo que no necesita ser reinterpretado. Pues bien, no estamos hablando de necesidades, sino de posibilidades. Es por eso que, para la mayoría de nosotros, sería difícil resistirse a asistir a algún concierto en vivo en honor a la música de algunos de los videojuegos más memorables de todos los tiempos. Así es, música de videojuegos completamente reinterpretada por una orquesta o por algún grupo de rock que cuente con la bendición del compositor de la música original en cuestión. 

En realidad, una vez más regresamos al tema acerca de la experiencia. En este caso, se trata de dos experiencias distintas por completo: por un lado, la experiencia de jugar la obra original y apreciar su banda sonora tal y como se compuso en un principio y como se asumió que habría de ser escuchada; y, por otra parte, disfrutar de reinterpretaciones musicales en vivo o por medio de un CD, MP3, etcétera, que buscan abstraer a las canciones de la propia obra que las contiene para disfrutarlas de otra forma —a través de una experiencia distinta, pero que no deja de reclamar su propia función o utilidad. Esos conciertos en vivo que hacen el favor de reinterpretar algunas de las canciones de juegos que muchos de nosotros apreciamos tanto, nos invitan a disfrutar de una experiencia única que se desprende de un origen claro: el videojuego.

 


[1]   Género musical que se deriva de la música electrónica sintetizada producida, primordialmente, a través de chips de sonido de computadoras, consolas de videojuegos o máquinas “arcade” de antaño, así como con otros métodos tales como la emulación.

[2]   Para efectos prácticos del presente escrito, el término “Banda sonora” será empleado como sinónimo de “Soundtrack”.

[3]   Nintendo Entertainment System (NES).

[4]   Plays Station 2 (PS2)

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.

Sign up for our email newsletters


X