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Análogas no, que me enamoro
Por: Karina Espinoza //@Pepalatora
¿Quién se hubiera imaginado que una de las iniciativas más guangas de los años 90, donde sólo se necesitaban ganas y un número de fax, se convertiría en el orgullo de una década gris en términos estéticos, y en la manera más legitima de recobrar el bello pasado de la fotografía? ¡Ay, Lomography, cuántos momentos felices nos has dado!

Desde hace un par de años, hay una tendencia que viene metiéndose poquito a poco en nuestro cotidiano visual. Cada vez es más frecuente sentir que las fotos sobre-expuestas, sobre-saturadas, muy oscuras o “sucias” pertenecen más a lo actual que al pasado. En foto: lo vintage es lo de hoy, y en gran medida se lo debemos a las cámaras lomográficas (cámaras analógicas de pequeño tamaño y con diseños pop) y su apuesta a lo espontáneo, directo y sorpresivo que implica el simple acto de dar un clic en cualquier momento. Porque sí, el encanto de estos pequeños objetos de culto está en el poco espacio de maniobra para el arte de un encuadre y la excesiva curiosidad a la hora del ritual de ir por tus fotos a los centros de revelado.
La mayor azuzadora de esta “moda” llamada lomografía es la marca Lomography, empresa que formaron dos amigos austriacos a principios de los años 90, después de descubrir una cámara soviética de la empresa LOMO, y quienes tras un proceso de pequeño contrabando en Viena lograron obtener un permiso para manufacturar las cámaras en China y venderlas bajo su propia marca.

Hoy, a más de 20 años de haberse mantenido ante la caída de lo análogo y el boom de lo digital, la euforia lomográfica resurge no sólo en las calles de Europa, Asia y América (donde hay 35 tiendas oficiales de Lomography), sino que atrapa a lo más atrevido del arte en distintas expresiones, basta recordar Uncle Boonmee who can recall his past lives, película del director tailandés Apichatpong Weerasethakul (filmada con una cámara de 35 mm) que ganara una Palma de Oro en Cannes 2010, o el más reciente trabajo cinematográfico de los hermanos españoles César y Jose Alenda, Inertial Love, cortometraje hecho con una cámara Lomokino.

Finalmente, ante la apabullante oferta de lo digital, la cosa se pone interesante, ¿por qué?, por la simple y sencilla razón de que esto, el regreso a lo análogo (y su creciente nicho de mercado), es una apuesta a algo que todos tenemos: entusiasmo por la creatividad y la sorpresa.

¡El proyecto!
Actualmente, Lomography en conjunto con el ayuntamiento de Viena llevan a cabo un proceso de documentación arquitectónica de la ciudad, y quienes están a cargo de tal registro son ni más ni menos que los indigentes, quienes conocen como nadie las calles que retratan.

¡El número!
Desde 2010, la comunidad Lomography cuenta con más de 70 mil miembros activos al rededor del mundo.

Para saber más sobre Lomography, visita su página. Si quieres saber más sobre Uncle Boonmee who can recall his past lives, ve este video.
Para más info sobre Inertial Love, visita este link.
*Todas las fotos de: Lomography.es





ohh si es lo mejor la fotografía analoga !
lo malo que no hay tiendas oficiales en México.
Difícil de conseguir esas joyas de cámaras.