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Precaución: Micrófono abierto
Por: Mutante// @mutamutante Texto: Carlos Rodríguez//@maco_chambon
En estos días todo es político, un asunto de estado, de especular o mal-decir el futuro común. Las palabras, su belleza, la estética que conforman en la oralidad de las opiniones –grotesca, fársica, absurda, definitiva, apasionada, ininteligible– son, de hecho, un asunto político, algo que pertenece a los ciudadanos y al poder público al que aspiramos.
En el arte, particularmente en las manifestaciones escénicas –no necesariamente espectáculos– se emplea una buena parte de la creatividad en jugar con el lenguaje, en descontextualizar las palabras, volverlas polisémicas, árboles o pájaros.

Hace poco pude asistir a una noche de micrófono abierto. Una tarima y un micrófono en un pequeño bar optimistamente medio vacío, un evento que en otra época hubiera cumplido con el estatus de underground pero que ahora, más libre, se puede definir como el encuentro de una minoría emocionada por el spoken word y la poesía oral, cuya métrica se define por la respiración, el ritmo, la repetición e intención que dan los hablantes a sus palabras y, lo más importante, por su relación con el público, lo que implica darse a entender, conectarse con el público emocionalmente, en el mejor de los casos, y esto es algo que tanto artistas intelectuales como populares, por etiquetar de alguna forma, desean en algún momento y saben que es difícil conseguir.
Esa noche pude escuchar a Javier Raya y a Logan Philliips: escritores, performanceros del spoken word; amigos y cómplices en el juego del lenguaje. Logan es de Arizona, es bilingüe y divide su tiempo entre Estados Unidos y México. Esto vive en su poesía y en la forma en que juega entre dos idiomas, creció en un área donde las palabras de un idioma se cuelan bajo el alambrado del otro, en algunas partes electrificado.

Por medio de talleres y de la organización de eventos o “concursos” de poesía oral (slam poetry), ha logrado no sólo crear un público sino una comunidad de gente interesada en nombrar su universo jugando con las palabras, pronunciar la estética de sus opiniones. Mismas con las que se puede o no estar de acuerdo, y es un hecho que estar frente a un micrófono no es garantía de que alguien quiera escucharnos, pero hay mucho de valentía en quien se sube al micrófono a decir “esta boca es mía”, pero desde la poesía como un lugar que podemos habitar, que no es ajeno, donde el extranjero es el que guarda silencio.
Siempre hay un riesgo al exponerse al arte: es el de ser conmovido, el de despertar algo que no sabíamos que existía en nosotros, algo tan simple como una adicción a la belleza del lenguaje. Covereando a César Vallejo: Hay palabras en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

El spoken word y la poesía son un acto político. ¿Qué civilización es la que fundamos a través del lenguaje? La nota continúa en Mutante.mx.
Este post fue cortesía de Mutante.
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