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La nostalgia de Mad Men
Gil del Valle // @gilinhocorp
El 27 de julio de 2008 se estrenó la segunda temporada de Mad Men en el canal American Movie Classics (AMC), la frecuencia televisora por cable que patrocina los premios Emmy y los Globos de Oro. Durante este episodio, el protagonista Don Draper (Jon Hamm) está sentado en un bar y junto a él hay un hombre leyendo el poemario Meditations in an Emergency, de Frank O’Hara, escrito en 1957 y que está inspirado en los sentimientos que la Guerra Fría produjo en su autor. En el cierre del episodio, la voz en off de Don recita el último apartado del poema “Mayakovsky”:
the catastrophe of my personality
always diminishing, less funny
not just darker, not just grey.
the year, what does he think of
that? I mean, what do I? And if I do,

Durante esos días, Amazon.com reportó que las ventas de ese volumen ascendieron a 15 mil 565, colocándolo en el número 159 de su lista de libros más vendidos. En una semana el poemario se vendió más que en 50 años. Lo anterior explica de forma clara el fenómeno de culto que se ha generado en torno a Mad Men. En sus cinco temporadas la audiencia ha subido 44%, alcanzando 3.5 millones de espectadores a la semana. La influencia de Mad Men en la moda, decoración y publicidad se transforma en euforia por la cultura del cocktail de la década de los sesenta en Estados Unidos.

El tema “A beautiful Mine” de RJD2 abre cada episodio y establece el lazo existente entre las décadas en las que se desarrolla Mad Men (cincuenta y sesenta) y nuestros días. Se trata de un sampleo de “Autumn Leaves”, en la versión de Enoch Light, violinista, director de orquesta e ingeniero de sonido muy famoso en la época que retrata la serie por ser uno de los primeros músicos en crear álbumes de alta calidad que aprovechaban al máximo las capacidades de los equipos caseros de sonido de aquellos años y ayudó a fincar la reputación de la disquera Command Records con el disco Persuasive Percussion (1959). El beat elegante de RJD2 y la clase de Enoch Light se funden e invitan a pensar en la serie no sólo como por la nostalgia de aquella época, sino a buscar en sus personajes e historias la génesis de la sociedad americana contemporánea.

Don Draper y su familia están en la época de cambio entre el conservadurismo de Eisenhower y el liberalismo de 1960; del apogeo de la música lounge al surgimiento del rock ’n’ roll; de la imposición de la generación Beat sobre la literatura “seria”: los best sellers “objetivistas” de Ayn Rand, la novela histórica de Leon Uris, y la sátira de Joseph Heller; también es la época en la que crece la movilización de social de las mujeres, la población negra e incluso la homosexual dentro del mundo corporativo.

La nostalgia que permea Mad Mensurge de un pasado en el que parecía posible fumar, beber y consumir una gran cantidad de colesterol sin ningún sentimiento de culpa, sin embargo, quizá de forma completamente inconsciente, Mad Men apunta al deseo de regresar a ese tiempo en el que la publicidad y la cultura de consumo representaron la vitalidad de la democracia occidental y los valores morales más profundos del capitalismo.

Según Richard Price, guionista de The Wire lo anterior es completamente falso y él dice que “Mad Men flirtea con la nostalgia por algo que nunca existió”. Y a simple vista la serie puede bien parecer un producto muy bien pensado para revivir todas estas tendencias que representan potencialmente un negocio millonario. Sin embargo Mad Men tiene una narrativa muy superior a las series dramáticas comerciales, un ritmo muy parecido al de The Sopranos y sus personajes alcanzan complejidades y evoluciones sorprendentes.

La noción de masculinidad en la serie está encasillada en Don Draper, un arquetipo americano de jefe de familia, sin embargo se trata de un personaje complejo, sin identidad, haciendo su camino en la sociedad de consumo, aludiendo identificaciones fáciles, pero conociendo bien las debilidades de la gente. Draper es un personaje americano que se remonta desde “Natty” Bumppo, protagonista de la pentalogía de novelas de James Fenimore Cooper conocida como Leatherstocking Tales (de las cuales la más famosa es El último mohicano), Huck Finn de Mark Twain o más claramente James Gatz/Jay Gatsby de Scott Fitzgerald, un personaje que busca medrar en la alta sociedad norteamericana y cuyo apellido es ahora sinónimo de hombre de negocios exitoso con un pasado sombrío.

En cuanto a las mujeres, sobresalen los personajes de Joan Holloway (Christina Hendricks) y de Peggy Olson (Elisabeth Moss), quienes aparentan ser estereotipos tanto de la mujer de sexualidad exacerbada (femme fatale) como de la mujer cohibida e inocente. Sin embargo este par de mujeres representan mujeres autónomas, a cargo de sus propias vidas que tienen que sobreponerse a un mundo hostil, pensado para ellas sólo como artículos decorativos. Joan y Peggy son representaciones femeninas muy adecuadas en la televisión contemporánea.

Cinco temporadas después de su surgimiento, Mad Men está consolidada, sus personajes han llegado a un crecimiento autónomo que pareció converger en el final de temporada, parece que todos llegan a una especie de madurez, cercanos a la culminación de un proceso de aprendizaje que quizá le cueste más a Pete Campbell (Vincent Kartheiser), eterno jovencito inmaduro. Su ritmo ha alcanzado una lentitud peligrosa, sin embargo Matthew Weiner, su creador y principal guionista, ha firmado por dos temporadas más. Nos falta aún mucho tiempo para saber el desenlace de este gran drama americano.




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