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La noche es más oscura antes del amanecer

Por: Elvira Liceaga// @Shubidubi

La primera función en Latinoamérica de Batman, la última película de la trilogía de Christopher Nolan, fue anoche en el Auditorio Nacional del Distrito Federal. El rito de la alfombra roja por la que desfilan los protagonistas y el público mexicano cree enaltecerse por su presencia, se canceló por respeto a los doce muertos y cincuenta y ocho heridos en la masacre del cine Aurora, de la que fue culpable un joven de veinticuatro años, estudiante de ciencias de la Universidad de Colorado.

La película es sorprendente, épica como las anteriores. La interpretación de Nolan aprovecha los recursos como la casualidad y el sentimentalismo de la historia para emocionar exitosamente a las masas. Cada personaje cumple con su cuota de melodrama: Bruce Wayne (Christian Bale) es un justiciero traumado por la muerte de sus padres y el fallo de su relación con la única mujer que ha amado, Rachel, a quien le fue imposible, a pesar de sus sentimientos, andar con con un enmascarado, aunque fuera Batman, mejor un tipo normal; Gatúbela (Anne Hataway) roba por razones tan lamentables como el hambre; Alfred (Michael Cane), mayordomo y Personal Jesus de Wayne, siempre ha querido algo mejor para su amo que una vida dedicada a la lucha contra el crimen, qué tal una esposa y ojalá hijos; Blake (Joseph Gordon-Levitt), también huérfano, comprometido con el orden de la sociedad. Pero Christopher Nolan no escribió esta historia, sólo los diálogos efectivos con su hermano Jonathan, y el acuerdo entre el director y el espectador está aceptado boleto en mano.

Es un filme complejo, más allá del bien contra el mal, temas y subtemas viran, a la velocidad del Bat-pod, de la brutalidad al terrorismo, a la soledad, los dilemas éticos en diferentes proporciones, al desamor o la injusticia. Como las mejores historias populares el consumidor no descansa, los extremos son sabiamente calculados para toda la familia. La sensualidad de Hataway, quien apenas cobra relevancia, la organización del pueblo indignado de Ciudad Gótica, liderado por el villano, Bane (Tom Hardy), que para ser tan musculoso, entiende, por razones que descubrirán, la idea del sacrificio del presente decadente por un futuro controlado, habiendo nacido y crecido en prisión; incluso, es estratégico. Qué mueran los inocentes en contra de las estructuras de poder disfuncionales; entre discursos maquiavélicos o enternecedores y secuencias de acción alucinantes, a un ritmo de tambores que perturban o pianos que sacan lágrimas. Otra vez, el entrenamiento físico y espiritual, ha vuelto la hora de vencer sus miedos, en el que mientras nuestro héroe aprende las lecciones más importantes de la vida en un escenario desértico lejano, Mr. Fox (Morgan Freeman) y la señorita Tate (Marion Cotillard), preparan la mejor sorpresa del argumento de película.

Un súperheroe al que hace falta tenerle un poco de compasión, como a un mártir, para entender su eterna condición contrariado, débil y fuerte, valga la ironía, psicológicamente fracasado. Afortunadamente tiene un castillo donde aislarse después de haber asumido la culpa de la muerte de Harvey Dent, ahora mitificado por Gordon (Gary Oldman) ante los doce millones de habitantes, como el verdadero salvador, reivindicando así, el sistema de leyes que representa y no a su amigo secreto, tan conflictuado. Ahí empieza la película.

 

En ‪Batman: El caballero de la noche asciende, vemos un auto volador, bastante poco sofisticado para ser obra de Mr. Fox, este Batman es más práctico, la motocicleta y armas que ya conocemos, y tenemos la remota oportunidad de ver el trabajo de un físico nuclear y por lo tanto, un límite de tiempo que amenaza el futuro de ciudad Gótica. Aunque, como en la primera, me hubiese gustado ver aún más el desarrollo de la crisis en los habitantes que Nolan prefiere escatimar. Esta vez, el pánico de los habitantes cobra más importancia visual, (en un evidente Nueva York), que narrativa. Mucho se ha comentado sobre las reminiscencias a los ataques del 11 de septiembre.

La película es inquietante y emotiva. Angustia y emociona. Problematiza a diferentes niveles y resuelve con un cuidado formal increíble. Nolan sabe bien lo que esperamos para una tercera y final película. Se repite y evoluciona. Nosotros salimos satisfechos de obtener lo que queremos, una sana secreción de adrenalina a causa de pequeñas historias que tejen un peligro apoteósico.

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