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I wanna hold your hand
Por: Cocó Hurtado// @cocosap
¿Quién ha encontrado el amor, no a la vuelta de la esquina, si no a la vuelta del hogar? Aquel o aquella que haya tenido la experiencia de enamorarse fugaz o perdidamente de ese individuo que ha estado tan cerca y a la vez tan lejos de nosotros y que inclusive asistió a nuestra fiesta de cinco años, no es más que la representación en carne y hueso de ese término que nos gusta denominar “platónico”.

Como bien define el vocablo creado alrededor de una reflexión filosófica de Platón, el amor “platónico” es aquel que se designa como inalcanzable, que por distintas circunstancias simplemente no puede materializarse y nos hace sentir esa terrible incapacidad de tener a nuestro lado haciéndonos piojito a aquel ser que, a nuestros ojos, no es más que la reencarnación de cualquier dios griego (sin duda la prueba fehaciente de que lo divino existe, ¿o me equivoco?).

Generalmente y desgraciadamente, amar a alguien de forma platónica no causa los sentimientos más positivos, ya que genera cierta frustración por ser una realidad no consumada, además de que, utópicamente, se genera la necesidad de tener lo que nosotros consideramos “ideal” sin que esto resulte necesariamente “real”. A menos que el o la chica en cuestión nos salude al momento en que sacamos la basura, en esta enamoradiza situación, lo más positivo que podríamos encontrar sería la esperanza de hallar a la persona amada en la realidad a través de la fantasía y en la imaginación, lo cual tiene, dependiendo de las perspectivas, un pro porque, justamente así es posible que se encuentre un elemento sexual, pero de forma estrictamente imaginativa. Cierto, probablemente no sea lo que se espera pero algo es algo…

Si bien, a pesar que el amor platónico es una expresión de nuestro inconsciente que resulta no del todo provechoso, es bueno saber que, como en cada historia de Disney, tiene elementos de gran peso que se traducen en ilusión, que es el alimento que mantiene siempre encendido el deseo y la esperanza, y esto en conjunto, nos ayuda a conocernos mejor a nosotros mismos descubriendo así que es lo que realmente se desea en el amor, para posteriormente, poder amar de verdad. De cierta forma, el tener en nuestras vidas un amor platónico, nos ubica en el camino de la visualización, lo que nos permite, a corto, largo o mediano plazo hacer realidad los sueños.

El amor platónico no es impulsivo, es una especie de amor que da más importancia a lo espiritual, lo emocional y a lo intelectual que a lo físico o sensual. Sin embargo, se debe recalcar que no es sorpresa que ambos elementos se encuentren a lo largo del enamoramiento. Este amor es caracterizado por la gran cantidad de intimidad, en el sentido que la persona lo vive dentro de sí mismo, siempre como una introspección. El amor platónico no conoce matices ni negociaciones, es atemporal y por lo tanto nunca envejece. Así que, aprovechando esta última y portentosa capacidad, es bueno concientizar que ser protagonistas de nuestra propia historia de amor es lo ideal.

Para todos aquellos que se encuentran (o que alguna vez nos hemos encontrado) en esa situación, en mi opinión, lo más sano es atreverse a entablar una comunicación y así romper las barreras o telarañas que solemos crearnos. Seguramente, como yo, hay muchas personas allá afuera enfrentándose al peor verdugo: nuestra propia cabeza. En este caso lo mejor es decirle: “Shhh, mañana hablamos” y dejar que en esta ocasión, nuestros sentimientos sean los que hablen por uno; nadie más que nosotros mismos sabemos si tenemos posibilidad de algo con ella o él. Sólo es necesario recordar que todo puede pasar y lo más importante, tener en mente que no hay peor lucha que la que no se hace.




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